martes, 24 de junio de 2014

¿Qué significan las mochilas colgadas en la fachada de algunas viviendas?


Como mencioné en otras ocasiones, cuando hará ya cuatro años me vine a vivir a Holanda, fui a caer en una casita compartida que alguien tuvo a bien edificar justo en la linea divisoria que separa los municipios de Aalsmeer y Amstelveen. Uno de los inconvenientes de dicha vivienda era que para ir a la parada de metro era necesaria una caminata de unos veinte minutos, lloviese, nevase o brillase el sol (y vaya si nevó aquel invierno). Durante el archiconocido trayecto, sin embargo, dada la tendencia al exhibicionismo del ciudadano medio holandés uno tenía oportunidad de contemplar con frecuencia múltiples indicios de las costumbres del día a día en los Países Bajos. Ahora vivo en la ciudad, más concretamente en un barrio del que no se puede afirmar que sea Holanda, sino más bien un híbrido de lo más extraño entre Holanda y Turquía. He dejado por tanto de ver ciertas cosas para pasar a ver otras que antes no veía, como tiendas de muebles en las que hasta los felpudos se adornan con piedrería destellante, señoras con burka en bicicleta y barberías que bullen los domingos al tope de su capacidad. El caso es que el otro día dando un paseo me alejé de mi zona habitual y al momento apareció ante mi vista una de esas genuínas, si no la más genuína de todas, escenas made in Holland: la mítica mochila pendiendo de lo alto del poste de una bandera. Caí en la cuenta entonces de que aún no habíamos tratado este asunto en el blog, lo cual es del todo inaceptable. Vamos a ello pues.





Hemos de empezar puntualizando el hecho de que sí, es normalísimo que una casa holandesa tenga en su fachada un poste para banderas. Dentro de las ciudades no es tan común (imagino que viviendo en un apartamentito en el cuarto piso no apetece demasiado ponerse a taladrar un palo en la pared), pero en lo que concierne a las casitas de apacible barrio de extrarradio, es rara la que no lo posee. A pesar de ello, y a pesar también de que el único modo que los holandeses conocen para llevarse a la boca cuadraditos de queso es pincharlos en una bandera en miniatura y de que en estas tierras no hay nada más patriótico que una pescadería, la manipulación de la ilustre bandera del reino de los Países Bajos tiene sus normas, no os vayáis a pensar. En teoría ha de izarse sólo durante el día del rey y otros cumpleaños de su regia familia, el día de la liberación y poco más (nada dice la ley sobre mundiales de fútbol). Y sin embargo en torno a la segunda semana de Junio, para disgusto de los más puretas (en los setenta se llegó a barajar si prohibir esta tendencia) Holanda entera se puebla de miles banderas que además vienen indefectiblemente complementadas con una mochila de escuela. Aún digo más, resulta que la mayoría de los hogares que tienen asta, que así se llaman estos postes en nuestro idioma, no la instalaron para conmemorar ninguna de las festividades oficiales sino que lo hicieron para prepararse para el momento en que era menester lucir la susodicha mochila. ¿Cuál es pues este momento?


Una pescadería. Punto.


Una bandera con mochila en una casa quiere decirnos que en dicha casa habita un chaval que acaba de terminar el instituto (lo de instituto es una simplificación, aquí tienen tropecientos tipos distintos de instituto que repasaremos otro día). La bandera es izada el día en que se reciben las notas de los exámenes finales y se le añade la mochila escolar, que queda abandonada ahí arriba simbolizando que no se va a necesitar nunca más. Esta práctica tan particular de los Países Bajos tuvo su origen en los años veinte. En principio las escuelas desplegaban una bandera para marcar el final del periodo lectivo pero como sabemos, un holandés de pura cepa no puede resistirse así como así a una buena manifestación pública de lo que sucede de puertas para adentro de su casa, así que llegados a cierto punto los ciudadanos más acaudalados, que eran los que por entonces estudiaban, empezaron a izar banderas también en sus hogares para festejar la graduación de sus retoños. En la década de los sesenta las clases no tan favorecidas empezaron a acceder a los estudios, pero no tenían ni asta ni bandera con la que promulgar a los cuatro vientos que ese hijo del que estaban tan orgullosos acababa de aprobar (geslaagd!) los exámenes de fin de curso. No iban a ser menos que los ricos, así que empezaron a colgar de sus ventanas cuadernos, mochilas o cualquier objeto relacionado con la escuela que tuvieran a mano. Y como el tiempo lo pone todo en su sitio, al final las costumbres de ricos y pobres acabaron fusionándose para dar lugar a la mochila con bandera que conocemos a día de hoy. Con tanto éxito que en nuestros días hay quién repite jugada y vuelve a airear su cartera, suponemos que de diseño más adulto, tras superar su último año de universidad.


Versión ñoña comprada en el feestwinkel
¿Os pensabais que no la vendían?


En España sucede somos muy poco ceremoniosos, qué le vamos a hacer, y aprobamos la selectividad con la misma pompa con la que vamos al mercadona a comprar una lata de berberechos. Los germanos son más solemnes, mirad sino en las películas americanas el bombo que le dan al dichoso baile de graduación del último año de instituto. Pues en Holanda un poco de lo mismo. El asunto de la mochila es un hito, un rito de transición en la vida de todo joven neerlandés que marca el paso de la infancia a la edad adulta. Y, en efecto, implica un cambio de vida importante. Después de ese verano abandonarán la casa paterna para irse a la universidad, a trabajar o a lo que tengan a bien dedicarse a partir de entonces. En definitiva, a hacer su vida. Los que se quedan con la familia más allá de los dieciocho, aunque pretendan vivir en la misma ciudad, son más bien escasos por no decir inexistentes dentro de la cultura holandesa.


Así que ya sabes. Si tienes un hijo con un holandés u holandesa no te olvides de armar el tinglado de la bandera cuando llegue a los diecisiete o le causarás un trauma de por vida. Aunque los más tímidos se mueran del bochorno cada vez que salen a la calle para toparse con la consecuente avalancha de amables felicitaciones por parte de todo el vecindario (me pregunto si tendrán el típico vecino tocacojones que te agobia preguntando qué es lo que vas a estudiar). Y aunque la cosa no te pille tan de cerca, si ahora mismo sales a dar una vuelta y abres bien los ojos lo más seguro es que te topes con alguna de estas mochilas, pues lo normal es que sus orgullosos propietarios las mantengan colgadas varias semanas para mostrar al mundo que la adolescencia ha quedado, de una vez por todas, sepultada en tiempos pasados.



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4 comentarios :

  1. Gracias por la aclaración, estos días me estuve cruzando con varias y me venía preguntando que eran!! Ahora apenas vea a mi vecino les doy el.gefeliciteerd!! Jaja,

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  2. Que curioso...no me habia fijado hasta ahora! Muchas gracias por la explicación! Saludos, Anabel!

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  3. Pues con todo el tiempo que estuve en Holanda nunca supe la razón de esta costumbre. ¡Muchas gracias por la explicación!

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  4. Hola,
    Soy Danes, vivo en sudAmerica, Feliz, y me pregunto por qué los holandeses son exhibicionistas?, ¿vidas muy aburridas alli como en nuetro pais nordico??

    Saludos e Feliz 2015

    Thorandur.

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