Guias de supervivencia para residentes, viajeros, o simplemente curiosos.
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lunes, 10 de marzo de 2014
La obsesión holandesa por la decoración festiva y sus feestwinkels, tiendas específicas para este propósito
Si eres holandés es precepto que te enfundes un disfraz al menos una vez al año: el día de la reina. Durante esta jornada las vestimentas naranjas son imprescindibles pero insuficientes, pues tanto más triunfarás cuantos más complementos, qué decir tiene que de color naranja también, incorpores a tu atuendo. Sombreros, pelucas, gafotas.... cuanto más y más ridículo mejor que mejor. Si además te cuadra un año en el que se celebra algún campeonato futbolístico que involucre a la selección nacional como son el mundial o la eurocopa, el número de veces que has de desempolvar tu uniforme fiestero se multiplica. No es necesario que seas de los que van hasta el estadio a animar al equipo en primera línea, pues mismamente para bajar al bar es raro quien no se engalana con joyas del diseño como cuernos de vikingo naranjas o melenas de león naranjas.
jueves, 23 de mayo de 2013
La fiebre de las impresoras 3D, ¿el futuro va a ser por fin futurista?
Estos días me ha vuelto a tocar evento de la empresa. Un hotel, comidas pijillas, mareas de clientes y gente del sector que al parecer tienen mucho que decirse los unos a los otros y por supuesto conferencias, muchas conferencias. Además de tratar asuntos específicos de la compañía, para que no se duerma el personal contratan también charlas de temas más generales relacionados con innovaciones tecnológicas. Y entre ellas no hay año que falte la típica charla futurista de future is now y violines con sintetizadores de fondo. Te enseñan desde el eterno coche fantástico de google que se conduce solo (que comentan cada año pero nunca acaba de salir al mercado) hasta bicicletas que hablan (habrase visto cosa más innecesaria). Sin embargo en todo este conjunto sí se habló de un avance sorprendente: las impresoras en tres dimensiones y las nuevas aplicaciones que se está buscando a estos dispositivos.
sábado, 13 de octubre de 2012
Gerardus Merkator, el cartógrafo que aplanó el mundo
La semana pasada llegó a mi correo por sorpresa una invitación a la fiesta de cumpleaños de una vecina, con la cual para más datos sólo había conversado brevemente en un par de ocasiones. A causa de mi escasa experiencia con este tipo de celebraciones, por otra parte sagradas en los Países Bajos, no recordé hasta el último momento que el protocolo dicta que uno debe presentarse con un regalo bajo el brazo. En la zona sólo quedaba abierta una tienda de bricolaje donde lo más adecuado que pude encontrar fue la sección de jardinería. Juzgando ridículo el aparecer con una enorme maceta en casa de una persona a la que prácticamente no conoces, me decanté por una pequeña planta con unas modestas florecillas de color rojo y un precio aún más modesto de dos euros cincuenta.
Mas cuando llegue a casa y eché una segunda ojeada a mi plantita caí en la cuenta de cuán sumamente cutre era mi humilde presente. Rápidamente, ya que el tiempo apremiaba y en Holanda si te dicen que algo empieza a las ocho, es que empieza a las ocho, intenté ingeniar un método que disimulase la pobreza del improvisado obsequio. Y mientras las primeras notas de la tonada cumpeañera de rigor llegaban desde el piso de arriba se me ocurrió cubrir la horrible maceta de plástico marrón con un papel de regalo. Corté veloz una lámina de papel, agarré la cinta adhesiva y... aquello era imposible. Por más vueltas que le daba, por más que recortaba una y otra vez aquella cuartilla que iba adquiriendo formas más y más inverosímiles hasta casi desaparecer, era imposible adaptar sin planificación un papel rectangular a la forma del macetero. Acabé desistiendo, armé con las tiras de papel sobrante un lacito que no llegó más que a triste pegote adherido al tiesto y marché por fin la fiesta dichosa, pero esto es otra historia que será contada en otra ocasión.
A lo que íbamos: Si envolver en papel una maceta, que se parece bastante a un cilindro, entraña semejante dificultad, imaginaos cuán complicado puede ser el recubrir una esfera. Pues con este mismo problema se enfrentaron los cartógrafos del siglo dieciséis cuando abordaron por primera vez la tarea de dibujar un mapamundi, es decir, representar el globo terráqueo en una hoja de papel.
domingo, 26 de febrero de 2012
¡Los españoles sonamos como ceceantes!
Si todavía no hemos salido de España (o no hemos tenido demasiado contacto con extranjeros) y alguien nos pregunta cual es el sonido más característico del idioma español, tendemos a responder por supuesto, la J, la j de jamón. Nuestra j no es sin embargo un sonido tan exclusivo como imaginábamos, ya que está también presente en idiomas como el holandés o varias lenguas de oriente medio.
Sin embargo, existe otro fonema que si nos diferencia del resto de idiomas e incluso va más allá, diferenciándonos de los hispanohablantes de Sudamérica: la Z. Y es que este sonido, sobre el que jamás nos hemos parado a pensar, y que nosotros no calificaríamos en absoluto como extraño o feo, es el atributo más característico del español (de España) para oyentes foráneos, y al parecer produce una forma de hablar bastante jocosa a ojos de muchos de ellos.
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